Chile

El 21 de mayo de 1879, Arturo Prat salta al abordaje del Huáscar, en plena guerra del Pacífico. Los mandos navales que le rinden culto hoy, son los mismos que lo denigraban y maltrataban: lo consideraban “poco militar”.

¿Quién los entiende? Bueno, hace rato que nadie, mucho. Por un lado, expresan públicamente preocupación por el aumento de casos registrados en la última semana, y luego en conferencia de prensa, salen como si nada, diciendo que darán un carnet verde para dar permisos a los vacunados con segunda dosis.

Lo que siguió a las elecciones del fin de semana, pareció de película: los grandes perdedores se esforzaban por aparecer como si hubieran ganado. El miércoles, las negociaciones entre los partidos del régimen ya fueron como una serie de Netflix: lo mismo, pero más largo, y con hartos giros, arbitrarios y sorprendentes, para que el interés no decaiga.

La política chilena era manejada férreamente por la oligarquía; ponía o sacaba candidatos y partidos políticos a su arbitrio. Esto comenzó a acabarse, primero con la abstención y luego, con los independientes.

Los resultados de las elecciones del fin de semana, supuestamente, fueron un “terremoto político”. Pero un par de horas después, parece que, al final, todos estaban de acuerdo en todo: diálogo, consenso, moderación. Son malos perdedores. El repudio popular que los comicios evidenciaron, sin embargo, crecerá.

Las elecciones de este fin de semana confirmaron lo evidente. Los partidos del régimen quedaron reducidos a un lugar subordinado frente a las diversas listas de independientes. Entre éstas, destacaron las que tuvieron el discurso más intransigente, y más ligado a las movilizaciones del 18 de octubre. Ahora, la crisis política se agrava.

Acabaron las votaciones, todos son ganadores y, a la vez, perdedores. Nos encontramos ante la paradoja del gato de Schrödinger. El gobierno está vivo, pero muerto a la vez.

En el primer día de las inéditas elecciones de dos días, las comunas más pudientes del país se movilizaron más. Casi como si hubiesen estado amarrados, los del “rechazo” partieron tempranito. ¿Ansiedad?

Las noticias vuelan. Una diputada, antes de cerciorarse que estuviera “en directo”, dijo en televisión: “¡vengo a votar en contra del asesino concha de su madre, asesino igual que Pinochet”. Eso se transmitió, pero fueron las redes sociales las que masificaron el mensaje.

Solo el pueblo ayuda al pueblo, afirman en las organizaciones populares. Habría que añadir solo el pueblo ayuda al pueblo sin esperar obtener ventaja de ello. En Antofagasta, la tragedia de decenas de familias que fruto de un voraz incendio quedaron en la calle, intentó ser utilizada por un par de candidatos para fines electorales. ¡Que inmoralidad!