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Las masivas manifestaciones en Lima llevaron la lucha popular a las puertas del régimen. Pero es en las provincias del Perú donde la lucha se intensifica y crece. Todo indica que esto es recién el comienzo.

Miles llegaron a Lima desde el sur. 127 carreteras se encuentran bloqueadas a lo largo del país y hoy, la muerte de dos pobladores elevó a 49 la cifra de asesinados por la represión policial ordenada y justificada por la dictadura. No quieren escuchar.

Y nadie puede detenerlo. Las fuerzas populares se dirigen desde distintos puntos del país a la capital, Lima, para el gran paro nacional convocado para este jueves. El régimen entra en pánico y responde del único modo que puede: estado de excepción y represión.

Toque de queda por tres días para Puno impuso la golpista Dina Boluarte para esconder el crimen. Ayer 17 personas -una de ellas, menor de edad- fueron asesinadas por la policía del régimen durante una violenta incursión represiva en la localidad de Juliaca, Puno. Quieren tapar el sol con un dedo.

12 muertos dejó este lunes una masacre perpetrada por las fuerzas de seguridad en Juliaca, en el departamento de Puno. El gobierno golpista quiere comprar su supervivencia con la sangre del pueblo peruano.

La toma de los edificios gubernamentales por manifestantes bolsonaristas en la capital de Brasil concitó torrentes de las ya consabidas “condenas democráticas”. Pero el acto no fue más que una advertencia; y no proviene de los exaltadas verdeamarillos en las calles, sino del interior del propio régimen.

Lo habían anunciado, y así fue. Puntualmente el 4 de enero la convocatoria volvió a sacar a miles a las calles. Cumplida la semana de movilizaciones, los mayores enfrentamientos se dieron este viernes y sábado en Puno, en el sur andino del Perú.

El año 2022 estuvo marcado por una guerra en el continente europeo. Los hechos no quisieron que se transformara en la tercera guerra mundial, pero en la mente de muchos dirigentes occidentales, exactamente ese era el supuesto, cuando se lanzaron a defender al régimen ucraniano.

Le dicen el “polvorín de Europa”. Y siempre hay alguien que quiere encender el fuego en los Balcanes. Ahora, es nuevamente una crisis en torno a Kosovo la que enciende las alarmas.

No lo sabemos. De lo que sí nos podemos dar cuenta es que, tres años después de la aparición del “nuevo coronavirus”, los gobiernos actúan igual que al inicio: calculando, especulando, usando el virus para sus propios fines.