Los Balcanes: al rojo vivo

Le dicen el «polvorín de Europa». Y siempre hay alguien que quiere encender el fuego en los Balcanes. Ahora, es nuevamente una crisis en torno a Kosovo la que enciende las alarmas.

Yugoslavia fue durante todo el siglo XX una importante nación en el escenario europeo. Formada en 1918 tras la Primera Guerra Mundial como Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, adquiere recién en 1929 el nombre con el que sería conocida durante el resto del siglo, el Reino de Yugoslavia.

Así, continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando, gracias a la lucha de los partisanos que resistieron la invasión nazi, logran fundar la República Federal Popular de Yugoslavia, con Tito como líder del país hasta su muerte en 1980. Cabe mencionar que en 1963 el país nuevamente cambió su nombre, pasando a llamarse República Federativa Socialista de Yugoslavia.

Con la muerte de Tito, la situación en el país empeoró, principalmente por intervenciones externas que atizaron las enemistades históricas entre los diferentes grupos étnicos que convivían en el territorio yugoslavo.

En 1992, el país se disuelve, sumido en guerras civiles entre los diferentes grupos que reclamaban su independencia. Poco a poco, se fue desmembrando la exrepública socialista, siendo Serbia y Montenegro, el último antecedente de lo que alguna vez fue un gran país balcánico. En 2006, Montenegro proclama su independencia y se establece cada uno como un país independiente.

La situación en Serbia había estado marcada desde la década de los 80’ por la guerra de Kosovo, donde la etnia albanesa residente en esta provincia serbia reclamaba su independencia.

De ahí en adelante, el conflicto fue en aumento, hasta la proclamación de independencia por parte de Kosovo en 2008. Con el apoyo de la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN. Kosovo se ha podido sostener e ir ganando el reconocimiento de diversos países, aunque sigue siendo un Estado con reconocimiento limitado.

En el norte de Kosovo sigue existiendo una importante población serbia, que se ha manifestado desde 2008 en contra las medidas represivas aplicadas por el nuevo gobierno.

En diciembre se realizaron diversas movilizaciones, principalmente en la ciudad de Mitrovica, donde los residentes serbios levantaron barricadas y se enfrentaron a la policía kosovar para evitar el arresto de vecinos acusados de atacar a agentes de seguridad.

Los altercados comenzaron el 10 de diciembre y se extendieron hasta el 29 del mismo mes. La situación escaló a tal nivel, que Serbia solicitó formalmente a la KFOR, el ejército multinacional de la OTAN, desplegar tropas serbias en la región, para proteger a los habitantes serbios. Belgrado acusó a Estados Unidos de alentar a Kosovo a desentenderse de los acuerdos pactados entre ambos Estados, a lo que Rusia expresó su solidaridad con los primeros, señalando que buscarán preservar los intereses nacionales de Serbia en Kosovo.


Vehículos pesados cortando las carreteras en las cercanías de Mitrovica.

En medio de toda la tensión, las autoridades kosovares solicitaron formalmente su ingreso a la Unión Europea, algo que, más allá de ser un proceso largo, muestra su alineamiento en el conflicto europeo.

Finalmente, el 29 de diciembre, y luego de varios días de negociaciones entre Serbia y Kosovo, el presidente serbio Aleksandar Vucic anunció que existían las garantías necesarias para que los residentes serbios del norte de Kosovo depongan las barricadas desplegadas en la zona.

Esta tensión sirve como botón de muestra para comprender las diferentes confrontaciones que se desarrollan al mismo tiempo en diversas regiones del mundo.

Estas disputas muestran el momento de crisis que atraviesa la humanidad, dejando de lado la aparente calma que venía mostrando a ojos de occidente hasta antes de la operación especial rusa en Ucrania.

En momentos como éste, sólo queda reafirmar la posición del pueblo como único conductor de su devenir histórico, ya que las aspiraciones imperialistas de Estados Unidos y la Unión Europea son sumamente claras.

Es momento de asumir la tarea de conducción, la clase trabajadora tiene claro su camino hacia una vida digna y en paz, pero este camino choca directamente con las pretensiones de los países que se habían acostumbrado a tener el pleno control de la situación en el planeta.