Chile

Antofagasta también salió a marchar. Cientos de manifestantes se congregaron en la Plaza de la Revolución. El poder del pueblo retumba en el norte también.

El colectivo Jane Vanini de la población Lorenzo Arenas en el marco de actividades previas al 18 del pueblo, este sábado 16 de octubre convoca a jornada muralista en la combativa población.

Fabiola Campillai llega a la Plaza Dignidad y se suma a la concentración. Dirige palabras de honra a los jóvenes luchadores. Y les exige a los políticos despachen ley de indulto para los presos políticos.

En un acto de justicia popular, sin mediar trámite burocrático alguno, el pueblo ha puesto al negro Matapacos en el lugar del general cuyo nombre ni siquiera recordamos.

No serán ellos los que falten en la conmemoración del segundo aniversario del 18 de octubre. Secundarios de todo Chile, indicando de nuevo por donde va el camino.

El pueblo en Antofagasta demuestra en las calles que nada ha cambiado. Y mientras las demandas del pueblo no se vean satisfechas, el pueblo seguirá en la lucha. Así partió el 18 de octubre en la perla.

Sobre la Plaza Dignidad no se ha hablado tanto. Algunos estultos que quieren que todo vuelva atrás, cuando gozaban la vida y todo estaba bien para ellos, pero no para los demás, defienden una estatua, que ya no está. La mayoría ve la verdad, un símbolo del poder del pueblo a unas cuantas cuadras de La Moneda.

El llamado surge del Partido de los Trabajadores. Analiza el 18 de octubre y su significado. Fija posición, define tareas y objetivos, incluida la preparación de un paro nacional.

A los 17 años muchos jóvenes piensan en ir a la universidad, en trabajar, en pololear o en vivir la vida. Algunos ni siquiera saben lo que harán. Hay otros que, a esa edad, saben exactamente lo que deben hacer, saben que deben luchar e incluso morir por lo que murieron muchos otros antes que ellos. Alex Lemún, un estudiante de secundaria se convirtió en weichafe para proteger a los suyos.

A partir del 18 de octubre del 2019, comienza el levantamiento popular, algunos le llaman la revuelta popular o estallido social, depende de lo cercano o lejano que estén con el pueblo. Desde ese momento, el Estado, a través de Piñera, manifestó que estaba en guerra “contra un enemigo poderoso” que no era más que el propio pueblo. Muertes, torturas, detenciones y apaleos, fueron parte de un régimen que no trepidó en usar el terror para mantenerse en el poder.