Chile
¿Pero cómo vamos a respetarlos a ustedes, señores burgueses, si ustedes son tan increíblemente imbéciles? Y cagones. Y cochinos. Las filtraciones de Hermosilla nos dan nuevas muestras de cómo piensa nuestra clase dominante. En este caso, en los intercambios entre el entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, el magnate Álvaro Jalaff y el consabido Luis Hermosilla, durante el levantamiento popular de 2019.
Sería chistoso, sino fuera algo serio. La intrusión de una aeronave al espacio aéreo nacional en Magallanes desató una alarma militar. El único problema: nadie sabe qué fue. ¿Un avión de guerra, un helicóptero, un dron, un pájaro? ¿Fueron argentinos o, quizás, ingleses? Da lo mismo. Que la incompetencia no frene las efusiones patrioteras, mientras Estados Unidos prepara amplias maniobras navales en la zona.
Con los votos de la derecha, la presidenta de la Cámara de Diputados, Karol Cariola, se salvó de una censura que la habría despojado de su lugar en la testera, además del chofer, las asignaciones, los asesores… tantas cosas. Pinochetistas y comunistas, juntos en contra de la “dictadura de Maduro”.
Como en las series de Netflix, cuando la cosa empieza a volverse fome, de repente aparece un aparatoso vuelco dramático. La historia sigue igual, pero el público se impresiona por un rato. Es lo que ocurrió en el último episodio del caso Hermosilla.
El general director de Carabineros no ha dejado recurso judicial sin emplear. Ahora presentó un recurso de amparo, por una orden de la fiscalía que pide ser informada si él intenta salir del país.
El sargento de Carabineros Rodrigo Puga cayó alcanzado por una bala mortal frente al teatro Caupolicán. La reacción primera de la institución fue culpar a una inexistente turba “de extranjeros”. Horas después, tuvieron que quitarle el título de mártir: lo había matado un colega mientras estaban pituteando.
Las contorsiones del PC sobre Venezuela pusieron en peligro a un blanco inesperado: la presidenta de la Cámara de Diputados enfrentará censura que podría costarle el cargo. Para la aludida Karol Cariola todo esto es “muy injusto”.
Las acusaciones constitucionales en contra de ministros de la Corte Suprema desde el primer segundo se convirtieron en el espectáculo barato que tan bien dominan los partidos del régimen. La idea -como siempre- es protegerse.
La exposición de los antecedentes que incriminan al abogado Luis Hermosilla no ahorra en detalles que confirman lo que todo el mundo sabe. Son todos narcos. Lo que permanece en secreto, en cambio, está a buen recaudo, para alivio de esos mismos… narcos.
Señora Isabel Amor, ordinariamente, no le habríamos escrito ni nos habríamos interesado en su “caso”. El conflicto en el cual usted es la protagonista es sólo una disputa por un cargo. ¿Qué tenemos que ver nosotros con esas cosas? Se trata de pelea a la que nosotros no estamos invitados. Sabemos que los contendientes, eventualmente, se abuenarán, y nosotros, si tomamos un bando, quedaremos marcados.