¿Y qué fue?
¡Aquí estamos otra vez!

Total, en el, digamos, extendido cambio de folio de “Revolución” no ha pasado nada de importancia ¿verdad? Todo tranqui, todo bien. Un buen momento para irse de parranda. Quizás no fue tan buena idea, pero lo hecho, hecho está.

7 de enero de 2026

Pero… nuestras muy apreciadas lectoras y nunca suficientemente bien ponderados lectores nos han hecho ver que, igual, habría que decir algo, porque el mundo se va a acabar, que hay una “restauración” o una “ola” conservadora, que el Trompas en Estados Unidos quiere conquistar el mundo, que viene ¡otra vez! el fascismo, que las elecciones y el Kast. Etcétera, etcétera, etcétera, et quae sequuntur.

Digamos la verdad. Nuestras muy ilustradas lectoras y muy agudos lectores no nos alegaban por esas cosas literalmente; que para no caer en el pánico y la desazón y para estar en conexión con la realidad y ser personas bien informadas, leen este diario. Para todo lo demás, tienen su Mastercard.

Pero que igual estaban medio presionando, reclamando, lo estaban.

Y tienen razón, somo siempre.

Así que decidimos dar un último sorbo del aguardiente aquel, guardar los restos del asado para un buen ajiaco, y ponernos manos a la obra.

Porque el mundo sigue y, de verdad, habiéndose aclarado en este interín algunas cosas, conviene dejar la cháchara y, en el caso nuestro, la fiesta y la diversión -para que entrar en detalles-, para hacer lo que hay que hacer, nomás.

Bromas aparte, “Revolución” vuelve a su tarea cotidiana, un trabajo que ya describió un viejo colaborador editorial nuestro:

Cuando la opresión crece

Muchos se desaniman

Pero su coraje crece

Muchos son demasiado

Es mejor cuando ellos no están

Pero cuando se van, hacen falta

Ellos organizan la lucha

Por las monedas del sueldo, por el agua del té

Por el poder del Estado

Les preguntan a la propiedad: “¿de dónde provienes?”

Y a las opiniones: “a quiénes sirven?”

Cuando siempre se calla

Entonces ellos hablarán

Y dónde reina la opresión y se empieza a hablar del destino

Dirán las cosas por su nombre

Cuando se sientan a la mesa

El descontento cunde

La comida se vuelva agria

La habitación, estrecha

Adonde los persigan, llevan consigo la revuelta

Y cuando son ahuyentados

Se queda, igual, la agitación.

(Bertolt Brecht: “Loa al revolucionario”, de la obra “La Madre”, 1932)

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