
Total, en el, digamos, extendido cambio de folio de “Revolución” no ha pasado nada de importancia ¿verdad? Todo tranqui, todo bien. Un buen momento para irse de parranda. Quizás no fue tan buena idea, pero lo hecho, hecho está.
Pero… nuestras muy apreciadas lectoras y nunca suficientemente bien ponderados lectores nos han hecho ver que, igual, habría que decir algo, porque el mundo se va a acabar, que hay una “restauración” o una “ola” conservadora, que el Trompas en Estados Unidos quiere conquistar el mundo, que viene ¡otra vez! el fascismo, que las elecciones y el Kast. Etcétera, etcétera, etcétera, et quae sequuntur.
Digamos la verdad. Nuestras muy ilustradas lectoras y muy agudos lectores no nos alegaban por esas cosas literalmente; que para no caer en el pánico y la desazón y para estar en conexión con la realidad y ser personas bien informadas, leen este diario. Para todo lo demás, tienen su Mastercard.
Pero que igual estaban medio presionando, reclamando, lo estaban.
Y tienen razón, somo siempre.
Así que decidimos dar un último sorbo del aguardiente aquel, guardar los restos del asado para un buen ajiaco, y ponernos manos a la obra.
Porque el mundo sigue y, de verdad, habiéndose aclarado en este interín algunas cosas, conviene dejar la cháchara y, en el caso nuestro, la fiesta y la diversión -para que entrar en detalles-, para hacer lo que hay que hacer, nomás.
Bromas aparte, “Revolución” vuelve a su tarea cotidiana, un trabajo que ya describió un viejo colaborador editorial nuestro:
Cuando la opresión crece
Muchos se desaniman
Pero su coraje crece
Muchos son demasiado
Es mejor cuando ellos no están
Pero cuando se van, hacen falta
Ellos organizan la lucha
Por las monedas del sueldo, por el agua del té
Por el poder del Estado
Les preguntan a la propiedad: “¿de dónde provienes?”
Y a las opiniones: “a quiénes sirven?”
Cuando siempre se calla
Entonces ellos hablarán
Y dónde reina la opresión y se empieza a hablar del destino
Dirán las cosas por su nombre
Cuando se sientan a la mesa
El descontento cunde
La comida se vuelva agria
La habitación, estrecha
Adonde los persigan, llevan consigo la revuelta
Y cuando son ahuyentados
Se queda, igual, la agitación.
(Bertolt Brecht: “Loa al revolucionario”, de la obra “La Madre”, 1932)
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