Cuando el jefe de la UDI apareció en público a defender a su padre, condenado de abusos sexuales en contra de dos niñas de su propia familia, reinó el desconcierto. ¿Por qué haría algo que cualquier persona -decente, se entiende- entendería como perjudicial para su reputación? Ahora se sabe la respuesta: se estaba dando un gusto perverso. Le refregó en la cara al país un simple hecho: a “ellos” no los toca nadie.
La Corte de Apelaciones de Rancagua revocó la prisión preventiva dictada en contra de Eduardo Macaya Zanelli, condenado por dos delitos de abuso sexual contra menores. Estuvo sólo tres días en la cárcel.
Allí, en el Centro Penitenciario de Rancagua, un penal concesionado a una empresa de propiedad de la constructora Besalco y de la multinacional francesa Sodexo, fue recibido personalmente por el jefe de la unidad.
No sólo no se realizó ningún trámite de clasificación, obligatorio para cualquier interno, sino que Macaya Zanelli fue alojado en el hospital interno, en una habitación perteneciente a la sección de mujeres.
Luego de la resolución de la corte de Rancagua, Macaya Zanelli esperará en su fundo, en Placilla, como lo hizo durante la investigación de la causa y del juicio mismo, que se cumplan los plazos legales y un largo proceso de apelación.
Se trata del mismo lugar donde cometió los abusos por los cuales fue condenado.
El domingo, su hijo, el presidente de la UDI, Javier Macaya, había dado una entrevista en Canal 13. Relajado y sonriente, ante la mirada comprensiva y sensible del periodista que lo interrogó, Macaya hijo retrató los hechos como si se tratara de un accidente de tránsito en que su progenitor resultó, lamentablemente, herido, pero con un diagnóstico favorable, si Dios quiere.
Él puede hablar así porque el juicio fue secreto.
No se conocen, al menos de manera oficial, ni el contenido de la acusación, ni los descargos de la defensa, ni las consideraciones de la sentencia, que le impuso una pena de sólo seis años de cárcel, la más baja posible. Luego del veredicto, la prensa publicó parte de los antecedentes que el tribunal tuvo a la vista.
Así, se supo que la condena se debió principalmente al hecho espeluznante de que una de las pequeñas víctimas grabó los abusos cometidos en su contra. Su motivación era proteger a sus hermanas y primas.
Sin embargo, el mismo tribunal ordenó borrar esas publicaciones, en un intento de preservar el secreto sobre los hechos.
La justificación de estas medidas es la protección de las víctimas.
Sin embargo, es el agresor el que se ha visto beneficiado por ellas. El hecho de que dos de las acusaciones en contra de Macaya Zenelli fueran desechadas, es indicativo de que los jueces sólo dictaron una condena porque no tenían otra alternativa.
Macaya hijo puede hablar del modo en que lo hace, porque tiene perfecto conocimiento de que los tribunales superiores, que deberán ver los recursos que presentarán los abogados del agresor sexual, sí tienen alternativas de las que los magistrados de primera instancia carecen. Entre ellas, las de prolongar hasta el infinito la tramitación de las causas.
Así, sin tener que resolver en el fondo, eventualmente, cuando la atención haya bajado, se podrá levantar el arresto domiciliario que pesa sobre el condenado, pero cuya “inocencia”, según explica el senador Macaya, debe ser “presumida”.
El destinatario primero de un recurso en contra del fallo es la Corte de Apelaciones de Rancagua.
Ese tribunal fue el escenario del llamado “caso jueces”, en que se investiga a tres de sus ministros por diversos actos destinados a tapar delitos de corrupción de políticos locales, de tráficos de psicotrópicos, entre otros.
Esa misma corte enterró las indagatorias en contra de más de una decena de religiosos y la jerarquía de la Iglesia Católica por casos de abuso sexual.
El fiscal regional que encabezó esas investigaciones, Emiliano Arias, estuvo suspendido de su cargo durante tres años.
Ahora, su período ha terminado y el candidato para reemplazarlo es José Morales, quien había sido propuesto, sin éxito, por el presidente Gabriel Boric para el cargo de fiscal nacional.
Aquella postulación contaba con el visto bueno del jefe de la UDI, Javier Macaya, mas no de otros senadores de la derecha y, sobre todo, del PS, que impusieron a una carta más alineada, entonces, con Piñera: el actual fiscal nacional, Ángel Valencia. Se frustró así otro de los “grandes acuerdos” tejidos en secreto por la dupla Boric-Macaya.
De consumarse la designación de Morales como fiscal regional, sería él, es decir, una persona cuya carrera depende de Macaya, quien deberá dirigir la actuación de la fiscalía en las apelaciones en contra de la sentencia impuesta a Macaya Zanelli.
Por eso se ríe, el conchesumadre.