Elecciones en Francia
Fachos 0, Izquierda 1, Macron 2

Así es la Eurocopa. Se juega a varios equipos. En la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia, el “cordón sanitario” y el “frente republicano” en contra del partido de Le Pen funcionó a la perfección. En vez de lograr una mayoría absoluta, la ultraderecha quedó en el tercer lugar. La izquierda deberá ahora formar un gobierno que dependerá, sin embargo, de los deseos y decisiones del presidente Macron.

10 de julio de 2024

Para esperar los resultados, la multitud de adherentes del Nuevo Frente Popular escogió la Place de la Bataille de Stalingrad de París. La selección del sitio, ciertamente, no fue casualidad. Apenas una semana antes, la consigna más coreada por la izquierda fue “¡no pasarán!”, una reminiscencia de la guerra civil española.

Cuando, al cierre oficial, los canales de televisión dieron a conocer las estimaciones, la alegría -y el alivio- se apoderó de la masa. El Nuevo Frente Popular, la coalición que reúne a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, al partido Verde, al PS y al PC, entre otras organizaciones, había conquistado la primera mayoría en la Asamblea Nacional, 182 escaños. El partido de Marine Le Pen, Reagrupación Nacional, sólo llegó tercera, al elegir 143 diputados.

En medio de la excitación por la sorpresiva noticia, pocos se fijaron en que el bloque de Emmanuel Macron se había ubicado en el segundo lugar, con 168 escaños proyectados.

Eso es un desastre en comparación con las elecciones de hace apenas dos años, en que un debilitado Macron logró 245 escaños, a poca distancia de los 289 para una mayoría absoluta.

Pero para el presidente francés el resultado significa rescatar, a último momento, una victoria de las fauces de la aniquilación política.

Celebraciones en la Plaza de la República en París

En efecto, su decisión de convocar a elecciones anticipadas luego del derrumbe de su opción -junto al avance de Le Pen- en las elecciones europeas, a muchos le pareció una decisión suicida. Por lo pronto, así lo consideraron los ministros de su gobierno y los dirigentes de su partido, que veían como jugada la unilateral de Macron los enviaba a un matadero político.

No es primera vez que se subestiman las capacidades del mandatario francés. Sus ademanes arrogantes, su gusto por los gestos vacíos y la política profundamente impopular que ha seguido su gobierno, lo retratan como un dirigente vano y débil. Y, sin embargo, Macron ha sabido sobrevivir no sólo los embates electorales, sino también vastas rebeliones populares.

Hace apenas una semana, cundía el horror, no sólo en Francia, sino en el mundo, ante el triunfo de las filas lepenistas, que lograron un tercio de los votos. Literalmente, en un segundo plano quedó el avance de la izquierda, mientras que se corroboró la sangría del oficialismo.

Sin embargo, pocos observadores supieron adaptar la nueva correlación de fuerzas al sistema electoral de segunda vuelta. Si bien Reagrupación Nacional había obtenido el primer lugar en numerosos distritos, su mayoría era débil frente al resto de los contendientes.

En pocas horas, se articuló la táctica del “cordón sanitario”.

Este mecanismo había sido inaugurado luego de las elecciones parlamentarias de 1986, cuando el Frente Nacional, dirigido por Jean Marie Le Pen, el padre de Marine, había saltado de 0,2% de los votos a casi 10%, y obtuvo 35 escaños en la asamblea legislativa.

Los resultados llevaron además al primer gobierno de cohabitación entre el presidente socialista François Mitterrand y el primer ministro Jacques Chirac, de la derecha gaullista.

Dos años después, Mitterrand aseguró su reelección. Chirac renunció y se convocaron nuevos comicios, que ganaron los socialistas. Pero en esas elecciones operó la táctica de exclusión del Frente Nacional. Pese obtener el mismo 10% de los votos, Le Pen se quedó con un solo diputado, una marca que no superaría en dos décadas, pese a aumentos significativos en su votación.

Sólo en 2022, Marine Le Pen lograría acrecentar la facción parlamentaria de su partido de 8 a 89 diputados. En votos, el salto fue más modesto: subió de 13,2% a 18,7%.

El método del cordón sanitario es simple: todos los partidos que forman parte del frente anti Le Pen retiran sus candidatos en favor del más votado de su bloque. Eso llevó, como este domingo, a que la derecha de Los Republicanos, los herederos del gaullismo y de Chirac, votaran por postulantes del Partido Comunista o de La Francia Insumisa… y viceversa.

En términos relativos, sin embargo, el más beneficiado con este procedimiento, no fue la izquierda, sino -justamente- el partido de Macron que ahora vuelve a renacer, al cabo de varias semanas en las cenizas como un ave Fénix… o algo así.

El hecho concreto es que ninguna fuerza va a poder formar un gobierno con una mayoría propia. El Nuevo Frente Popular puede sumar una decena de parlamentarios de otras agrupaciones de izquierda, pero sigue aún lejos de poder elegir al primer ministro.

El partido de Macron puede reunir a otras fuerzas centristas e, incluso, a los republicanos, pero no tiene cómo lograr una mayoría. Y Reagrupación Nacional, menos.

La única opción que se abre ahora es un gobierno del Frente Popular, “tolerado” y condicionado por Macron, que puede quitarle el apoyo en el momento que quiera.  

Por lo pronto, podrá descartarse que el líder más importante de la izquierda, Jean Luc Mélenchon, pueda optar al cargo de primer ministro. Su nombre está vetado. Demasiado impulsivo, demasiado radical y, especialmente, demasiado desalineado con la política imperialista francesa, debido a sus posiciones críticas sobre la guerra en Ucrania y sus denuncias de la masacre israelí en Gaza, que le han valido el infamante mote de “anti-semita”.  

Mélenchon saluda a sus adherentes después de la elección

Curiosamente, el partido que representa más fielmente el histórico antisemitismo burgués en Francia, la agrupación de Le Pen, heredera de los persecutores de Dreyfus, de los colaboracionistas con los invasores nazis, con los torturadores de la guerra de Argelia, de toda la basura que acumula Francia, se ha erigido en los últimos meses en el mayor defensor de Israel.

Y más curiosamente aún, la única otra fuerza que se suma a sectores anti-imperialistas de la izquierda en su oposición a la participación francesa en la guerra de Ucrania es… Le Pen.

La misma paradoja ocurre en el plano interno. Reagrupación Nacional prometió, al igual que Nuevo Frente Popular, la reversión de la ruinosa reforma de pensiones, impuesta por Macron en contra de las masivas huelgas y movilizaciones populares que sacudieron al país el año pasado.

Ahora la izquierda deberá aliarse con el oficialismo, llamada la macronie por los franceses, cuyo principal objetivo es preservar esa política dirigida en contra de los trabajadores.

Este tipo de problemas ya existió con los antiguos frentes populares, creados para frenar, en una alianza entre trabajadores y partidos burgueses, al fascismo histórico. La eficacia de esa táctica, como se sabe, no fue muy alta.

También ahora, el “frente republicano” será, en realidad, manejado desde el Palacio Elíseo.

La nueva constelación presagia una profundización de la crisis. No obstante, todos los actores políticos saben que sus movidas deberán pasar la prueba de la clase trabajadora mejor organizada y combativa de los países industrializados.

Y ese es el partido que vale.