1º de Mayo

La clase trabajadora sigue su propio camino

“No somos una disidencia controlada”. Los dirigentes de la CUT niegan lo evidente. Y de paso, nos regalan una ingeniosa fórmula para describirlos. Este 1º Mayo, los trabajadores no podrán celebrar logros ni conquistas. Sólo la convicción de que, como siempre, sólo pueden confiar en sus propias fuerzas. Sólo pueden seguir su propio camino.

No se puede negar. Los chilenos viven sumidos en el desconcierto. Los gobernantes aseguran que todo va mejor. Instantes después, llaman, asustados, a la “unidad” con sus detractores dentro del régimen para enfrentar oscuras y desconocidas amenazas.

Los dirigentes sindicales celebran la entrada en vigencia de la ley de las 40 horas. Al rato, se dan cuenta de que ellos dieron el aval para el mayor retroceso de las relaciones laborales en favor de los empresarios desde el “Plan Laboral” de José Piñera. Los 17 minutos diarios de reducción de la jornada son lo de menos en comparación a lo que se viene.

Y es esa gente la que se sube a los escenarios de los actos del 1º de Mayo. Son ellos los que convocan a paros nacionales, “activos”, nótese. Y declaran que el principal objetivo de los trabajadores organizados sería presionar -¿a quién, exactamente?- para el cierre de acuerdos parlamentarios en favor de las AFP.

¿Cómo no va a cundir la confusión? Ni siquiera bajo los gobiernos de la Concertación, que ejercían un nivel de control similar o mayor sobre el movimiento sindical, las demandas de los trabajadores quedaban tan desdibujadas e inciertas como ahora.

Pero eso está en la naturaleza de las cosas. Cada vez que los trabajadores subordinan sus intereses y aspiraciones a las promesas e ilusiones de otras clases sociales, terminan perdiendo. En algunos casos, eso ha llevado a grandes retrocesos y sensibles derrotas. En otros, como el nuestro, en Chile, a la inacción y a la espera incierta.

Sin embargo, la propia realidad de la clase trabajadora no le permite detenerse. Su fuerza no radica en las ceremonias ni en las divagaciones de aquellos que intentan justificar su propia desidia y entrega.

La fuerza de los trabajadores radica en su actividad diaria, en el mundo crea cotidianamente. Es de allí, y de ningún otro lado, en que surge su capacidad de plantearse un nuevo mundo.

En ese empeño, el salto de lo simple a lo complejo, de lo pequeño a lo grandioso, es directo y sencillo. Allí nace la claridad de la tarea de los trabajadores.

Los que confunden sólo reflejan la incapacidad del régimen, la desorientación de un sistema caduco. No es en sus términos, de su manera, en que se resolverá la crisis chilena, la crisis mundial.

Será con nuestras palabras, con nuestros valores, con nuestra fuerza, de nuestra experiencia, en suma, de nuestra vida en que los trabajadores, en todo el mundo, abren su propio camino.