Revuelo en el gallinero, parte 37

Cuesta llevar la cuenta. Esta vez no está claro el origen. Dicen que fue la lluvia temprana de primavera, la humedad en el fundo y la multiplicación desmedida de los hongos. Se habría comido uno sin querer. Lo dejaron viendo triple.  El Rojo Edwards, en cambio, amaneció con la resaca del clona. Deprimido, todo va mal. Volaron plumas en el gallinero.

“Cresta p’oye, que voy atrasao”, se dijo, levántadose como pudo de la resaca de la noche anterior. Pero ya el hongo se lo había comido. Llegó viendo triple. La convención de momios ya había comenzado en el Metropolitan Santiago. Allí se juntarían los reaccionarios a hablar de economía mundial. Hasta venía una colega del Partido Popular de España. La Esperanza Aguirre. Esa de «no tenemos un puto duro». Una dama. José Antonio Kast tenía que lucirse.

«¿Cómo salimos de esta?» se llamaba -no es broma- la convención.

Y la pregunta venía al caso. Era pertinente. Como salir de famoso proceso constitucional, cuando todos buscan la puerta de emergencia. Un gran acuerdo, de todos, los detalles no importan. Incluso, hablan de, simplemente, no entregar ningún texto. Así se evitan el plebiscito y el «en contra», previamente conocido como «rechazo».

Pero no José Antonio. Mientras sus adláteres negocian, no se sabe qué, con los «Amarillos», y sus aliados-adversarios de Chile Vamos cocinan algo, tampoco se sabe qué, con el oficialismo, el líder llegó y la tiró. Así, sin moverse del escritorio.

“Yo soy un convencido de que si la dimos vuelta en cuatro meses (en referencia al proceso constitucional anterior), ésta la vamos a dar vuelta en dos meses”. La concurrencia miró con cara de “¿y a este que le pasó, es tonto o nuevamente anduvo gateando en el jardín?”

Kast, en su euforia fungi, se le olvidó que en la campaña del anterior plebiscito no mostró ni la nariz. Cada vez él que aparecía en público, el Rechazo caía cinco puntos en la encuestas, el explicaron los expertos.

Pero no. Esta vez, sería distinto. ¿Qué importan las encuestas, si me siento tan bien?

Pero al entusiasmo supino de Kast le salió al paso un amigo. Pero éste andaba en clona. Venía deprimido. Se especula que pasó mala noche. La cosa es que José Miguel, perdón, Rojo Edwards, llamo a las huestes, deprimido como estaba, «a abortar el plebiscito vía consulta vinculante a la militancia» de Republicanos que es, al fin y al cabo, el grupo de Kast, no del Rojo.

Tampoco importaba. Cansino, como si llevara la carga dos camiones de frambuesas de exportación sobre sus hombres, Edwards explicó que eso sería una manera «elegante», de zafar del maldito lío en el que se habían metido.

¿Abortar? ¿Y a éste que le pasó? se miraron las huestes sorprendidas, mientras volaban las plumas en el gallinero.

Mientras en el otro frente, el del lado, se cabecean en cómo harán para sacar un «acuerdo nacional» con ese mamotreto constitucional que hizo la manga de drogos de la cota mil.