Llegó la hora de pagar

El nuevo gobierno debe nombrar a los subsecretarios, la segunda capa de una torta de cargos y prebendas aún por asignar. ¿Quién se queda con la mejor tajada? Por lo visto, los que tienen el mayor apetito.

Cuando fue presentado el gabinete del presidente Boric, recibió elogios transversales. Su claque lo consideró el mejor grupo humano jamás reunido, al menos desde que Jesús anduviera por Judea con sus apóstoles. Los grandes empresarios y la derecha fueron algo más medidos, pero también lo encontraron “ok”.

Entre ambos polos, se mueve una variedad de grupos e intereses. Y muchos de esos, poco se preocupan de los ministros. Lo que buscan es algo más prosaico: cargos, cualquier cargo, del Estado.

Sin embargo, la distribución del equipo ministerial algo indica de cómo podría ser el chorreo hacia abajo en la jerarquía del aparato estatal.

Por ejemplo, el partido de Boric, Convergencia Social, tiene cinco ministros; aunque no todos son amigos personales del presidente, sin duda, saben que le deben su presencia en el gobierno a él. Podría cambiar su nombre, algo anodino, a Conveniencia Social y quedaría perfecto.

Al resto del Frente Amplio, le fue más o menos. O sea, más o menos mal. Revolución Democrática tiene un ministerio, si se exceptúa a Giorgio Jackson, que es un caso especial. Y Comunes, el tercer partido que queda en el -se supone- pujante bloque gobernante, fue humillado con el ministerio de Bienes Nacionales.

El PC, “el mayor partido de Apruebo Dignidad”, como les gustaba a decir hasta hace poco, sólo tiene -si se exceptúa a Camila Vallejo, otro caso especial- el del Trabajo que, para todos los efectos políticos, es peor que el de Bienes Nacionales y Colonización.

¿Pero no eran tres ministerios para el PC, en total?

Claro, el ministerio de Ciencias es ocupado por un militante comunista. Pero Flavio Salazar, no está ahí en un cupo PC, ni en una cartera que ese partido hubiese pedido, sino en reconocimiento a la rectoría de la Universidad de Chile, la que, a su vez, salió perdiendo, porque no obtuvo el ministerio de Educación. “Última vez que les prestamos la ‘Moneda chica’”, deben haber dicho en la Casa Central. Aparte, esa secretaría de Estado, literalmente, tiene un ministro, un subsecretario y una oficina. El presupuesto da para el arriendo y la cuenta de zoom, aunqueparece que esa tampoco la pueden pagar, porque la última vez se les coló un bailarín, en zunga, en la conferencia virtual. De verdad.  

Los socialistas, en cambio, obtuvieron la Cancillería. La ocupará la mano derecha, en la OEA, de José Miguel Insulza. El ministerio de Defensa, también, pero aquí ya empiezan los problemas. Porque Maya Fernández es del grupo contrario a la directiva del PS. Así que eso no vale, al menos en ojos del Álvaro Elizalde, el jefe del partido.

Mario Marcel, el nuevo ministro de Hacienda, dejémoslo aparte. No es al PS a quien le debe responder.

Y con las subsecretarías la cosa se complica aún más. Ya le dieron la del Interior al diputado Monsalve, de Arauco, la de prevención del delito de Eduardo Vergara (que nominalmente es PPD), y Lucía Dammert será la jefa de asesores del presidente.

Son tres personajes que responden, no al PS, sino a un patrón individual: Mahmud Aleuy, el organizador de la política represiva durante el gobierno de Bachelet. Aleuy llevó las relaciones con Carabineros en el período en que ellos implementaron la trama del pacogate o la Operación Huracán. Y esos son los ejemplos conocidos. Los responsables de esos crímenes fueron protegidos por el gobierno de Bachelet y por Aleuy. Fue ¡Piñera! quien los echó.

Está claro que se les está pagando por algo a ese grupo que se mueve en la intersección entre política, tecnocracia y los manejos de los aparatos represivos. ¿Puede ser que la retribución sea por el apoyo político durante la campaña? Es dudoso. En cualquier caso, no sería gran cosa lo que recibirían. Más bien, es un pago por servicios aún por rendir.

Pero habiendo compensado a los operadores de un grupo o facción, quedan muchos más que deben ser satisfechos. Por lo pronto, el PS como tal, es decir, sus lotes dominantes.

Y para ese lado van a ir a las subsecretarías y las jefaturas de servicios y todo eso.

“Pero ¿cómo?”, dirán los adherentes de Apruebo Dignidad. “¿Cómo se va a premiar a un partido que se subió al árbol recién en la segunda vuelta?” “Y nosotros”, agregarán, “nosotros que estuvimos arriba desde el inicio ¿vamos a salir perjudicados?”

Bueno, sentimos tener que decir las cosas de manera brusca, pero: sí. Va a salir ganadora la antigua Concertación; sin la DC, pero por ahora. De hecho, sería bueno que los nominados de Apruebo Dignidad no se acomoden tanto en los puestos que les toquen. Pronto, tendrán que hacer espacio para los camaradas de la flecha.

“¡Pero eso no es justo!”, exclamarán desde el FA y el PC.

Claro, uno podría señalar algún lugar común -estos son negocios, nada personal; la política es sin llorar- pero para qué engañarnos.

¿Cómo creen ustedes que Gabriel Boric logró, justito y a última hora, la inscripción de su partido? ¿Y cómo creen que ganó las primarias? ¿Y quiénes le impidieron a su competidora más fuerte, Yasna Provoste, a hacer campaña, porque insistían e insistían en que debía medirse antes en una “consulta ciudadana” con una señora que sacó 30 mil votos?

Exacto.

Nada es gratis.

Todo hay que pagarlo ¿o no?