¡Quieren perder!

La candidatura presidencial de la “izquierda” se asemeja, con cada hora que pasa, a un pollo desplumado. Sin presión, Boric y compañía se derechizaron tanto que, cuando les surge la necesidad, no tienen nada más que ofrecer. Una pequeña diferencia, de 150 mil votos, en primera vuelta bastó para provocar la bancarrota política del progresismo liberal.

26 de noviembre de 2021

Gabriel Boric, si no tiene otros méritos, al menos puede presumir de su capacidad de hablar. Tiene buen toyo, digamos. Así, inventó la imagen del árbol. Un árbol, relató, al que se subía con sus amigos y que representa el cielo y la altura de miras y las raíces y las semillas y lo que fuimos y lo que queremos ser y bla, bla, bla, como dice Greta Thunberg.

Hoy, con los resultados electorales ya revisados, algo -o alguien- le dijo a Boric que se dejara de lesear, y Yellow, que es obediente, entendió.  

“¡Nos bajamos del árbol!”, sentenció -literalmente, de verdad, no lo inventamos nosotros, como el afiche de la foto arriba- seguramente sin advertir que con esa frase estaba negando algo más que una alegoría. Se estaba negando a sí mismo.

Agregó, con tono enfático, que había “bajado”, entonces, al “territorio” y que estaba con los “chilenos y chilenas que quieren seguridad para vivir en paz”. Cumplió con todo el catálogo: “el espacio público es de los vecinos y no de los delincuentes” “lo vamos a defender con todas nuestras fuerzas”, “lo aseguro”, “seré implacable” y “aquí hacen falta más carabineros”. Sólo faltó que hablara de la “mano dura” y la “mano abierta”, para que el paso de la insípida poesía magallánica a la probada retórica de Piñera fuera perfecto.

El diputado estaba cansado y tenso. Lo habían llevado hasta el 30 de Santa Rosa y, de ahí, para adentro, a la Santo Tomás. Pero, a diferencia de otros, él no debía temer. Ahí no hay muchos del Frente Amplio, pero la alcaldesa en persona le había juntado a un grupo de vecinos, con café, jugo de naranja y galletitas. Y, por si las moscas, dos cucas y sus respectivos pacos.

Pero igual hubo jaleo. Una vecina le gritó que era un “traidor” porque se había olvidado de lo que predicaba cuando era dirigente estudiantil. Que se acordara de dónde venía. Otra señora le reprochó que había apuñalado en la espalda a Karina Oliva (esa es la del Frente Amplio de allá). Otros dos comentaban que mejor había que votar por Kast, porque “el Boris” iba a traer a todos los venezolanos para acá. Al final, se formó un grupo de gente que le empezó a tirar pelotitas de papel confort. Ese fue el momento, después de 20 minutos, de retirarse.

Pero la foto oficial fue la primera muestra de su acuerdo -todavía parcial- con la DC. Claudia Pizarro, edil de La Pintana, pertenece al grupo de Provoste, que poco tiempo después declaró su apoyo al candidato de la “estabilidad, el crecimiento, la paz, orden y progreso”, como enumeró.

El Yellow, pues. ¿Quién más iba a ser?

Al lado de Boric iba Eduardo Vergara, otro de los operadores de Mahmud “Operación Huracán” Aleuy en el Ministerio del Interior durante el gobierno de Bachelet. Ya uno puede hacerse una idea como va a ser ese “combate a la delincuencia”.

Pero está por verse si se llega a eso.

Lo que ha quedado claro es que los resultados de las elecciones del domingo fueron interpretados por la “izquierda” como la más resonante de las derrotas electorales.

Eso es muy discutible. Es más: no es así. La distancia con Kast es pequeña, el margen de Apruebo Dignidad para alcanzar el 50% en segunda vuelta es amplio, mientras que la ruta a una eventual victoria de la derecha es estrecha.

Pero en el círculo de Boric no escuchan razones. Para ellos, todo es negro, no Yellow.

Por eso, se lanzaron con todo a las negociaciones con la DC. Esa exige, aparte de concesiones, humillaciones. Es su estilo de negociar. Antes, FA ya le había entregado lo que pudo al grupo de Provoste; son viejos aliados. Pero eso es sólo una parte de la DC, que va a exigir más y más para, luego de obtenerlo, dictaminar que no fue suficiente.

“Soy un gran admirador de su padre, doña Carmen”

Algo similar ocurre con el Partido Socialista. El FA ya se había entrelazado con el grupo dirigido por Aleuy, una facción minoritaria del PS que está en una encarnizada lucha interna por el poder. Esa competencia, según parece, va a definirse de acuerdo a cuánto le puede sacar cada bando a un posible gobierno de Castaño Oscuro, perdón, Yellow.

Y quedan tantos más que quieren cosas. Algunos con mejor derecho que los advenedizos. Es lo que dice el Partido Comunista, que se convirtió en la colectividad más fuerte de la coalición de Yellow. Pero los que mandan, les impondrán nuevas genuflexiones y renuncias. Quedaron atrás en la fila.

Pero, aunque rebajen al PC, nada es suficiente.

La antigua concertación, políticamente reducido a cenizas, pide su proverbial libra de carne (no piense en “¡quiero mi cuarto de libra!”, querido lector, excelsa lectora, que esta obra es tenebrosa como Shakespeare, no entretenida como McDonald’s).

Y al animal ni grasa le queda.

El círculo de Boric filtra a El Mercurio que va a sumar a una tecnócrata muy popular entre ellos, Andrea Repetto. Material de ministra, insinuaron. Bonita foto, demostración de responsabilidad fiscal. Pero la economista los desmintió a la vuelta de correo: dijo que el programa de Boric era “políticamente imposible” y que prefería mantenerse, mejor, en un segundo plano.

¡Osssooo!

¿Cuánto más deberemos ceder? se preguntan en el Frente Amplio ¿cuánto más nos humillarán?

Oh, señores y señoras, mucho más. De hecho, van a tener que hundirse en la defensa del statu quo hasta alcanzar el punto exacto, justo antes de confundirse con Kast y el pinochetismo, que permita decir que aún son el mal menor.

Único problema: así van a perder.

Pero eso ya no es problema nuestro.