Nadie nos echó, nosotros nos fuimos

El secretario General de la OTAN dejó claro porque invadieron Afganistán. “Nuestra misión era proteger a Estados Unidos, no a Afganistán, y lo hemos logrado”.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte, es una alianza militar que tiene como “finalidad garantizar la libertad y la seguridad de sus países miembros por medios políticos y militares”. El noruego Jens Stoltenberg es el secretario general de la Otan, las tropas que están bajo su mandato deberían haber salido ordenadamente en los tiempos estipulados, sin ningún tipo de problemas, dejando detrás un gobierno firmemente establecido y con una capacidad militar capaz de vencer a cualquier adversario. La realidad no fue así, y como todos son generales después de la batalla, agregó “Afganistán no cambia nada”.

Dejó en claro que la invasión a Afganistán, donde se invocó el artículo 5 del tratado de Washington que plantea sucintamente que “ante un ataque armado contra uno o más de ellos en Europa o América del Norte se considerará un ataque contra todos ellos”. La invasión estuvo destinada a impedir ataques contra EE.UU y otros aliados, y con ello plantean que impidieron que este país fuera un santuario de grupos terroristas. Argumentan, además que evitaron ataques terroristas, dieron acceso a la educación a mujeres, lograron un progreso social y económico significativo en Afganistán. Lo que lamentan es que toda la inversión que hicieron en el país, lo perderán en un instante, el ejército que hicieron, desapareció en una semana. La aviación la mitad está en manos del talibán y la otra en países fronterizos. Tuvieron que sacar a todos los que les ayudaron en estos 20 años, ya llevan cerca de 90.000 personas transportadas en aviones, y el número sigue creciendo. Los grandes logros que podían mostrar, se cayeron en un abrir y cerrar de ojos, y es por los que hoy claman a los cuatro vientos, “y ver que el progreso en derechos políticos, sociedad civil, derechos de la mujer, está ahora en peligro”.

Lo que queda en evidencia, es la manera que actúan los países del primer mundo. No tienen ningún escrúpulo moral para invadir países, matar personas y practicar el vasallaje ante los que son comprables. Se jactan de que lo hicieron en diferentes lugares como Kosovo, Iraq y Siria, y que podrían haberlo hecho en otros que lo amenazaban. No tienen autocrítica, pues todo lo hicieron bien, los que lo hicieron mal fueron los propios afganos.

En definitiva, no es importante cuántos afganos murieron, sino cuántos estadounidenses evitaron que murieran. Stuart Mill se pondría de pie para aplaudir a sus acólitos.