Colombia: de indignación en indignación

La violencia de la policía, aunada con el paramilitarismo colombiano, aumenta. Un joven, Lucas Villa, recibió ocho disparos de «desconocidos». Está con muerte cerebral. Las centrales sindicales se reunirán con Duque el 10 de mayo. Pero la calle no da señales de parar. De aquí en más, será ella la que imponga la pauta.

El ataque al joven Lucas Villa es uno más de los dolorosos acontecimientos por los que transita el pueblo colombiano luego de nueve días de levantamiento general en todo el país. Las cifras de la represión aumentan con el paso de las horas. Llueven cifras sobre la brutalidad del Estado contra un pueblo desarmado.

Si bien la Defensoría del pueblo ha reportado 24 muertes, 352 lesionados y 89 desaparecidos, la Unidad de Búsqueda señala que serían 379 personas las que no han regresado a sus hogares y diversas organizaciones sociales han documentado un saldo de 34 muertes. Y la organización Temblores denunció 1.708 casos de violencia policial en contra de manifestantes, entre las que se cuentan 22 víctimas de lesiones en los ojos y 10 de violencia sexual. Además, documentaron 110 agresiones en los que los uniformados utilizaron armas de fuego en contra de ciudadanos. 

Y aunque las números de la represión aumentan con los días, no desciende la valentía del pueblo colombiano. Siguen las calles tomadas por la población, las barricadas, el asedio a los edificios públicos y privados. Los cortes de ruta, las velatones, los cánticos y las pancartas, las exigencias de que todo esto debe, de una vez por todas, acabar. No ya sólo la represión, sino la larga historia de explotación y servidumbre a la que quieren condenar a nuestros pueblos.

Sudan frío las manos de Duque y la reacción. Abren diálogo con la oposición y apuestan a una posible solución al conflicto este lunes 10 de mayo. El Comité Nacional del Paro ha aceptado una reunión con el mandatario. Revisarán propuestas, negociarán soluciones, entregas, ajustes, reformas.

Pero la calle es muy grande y tiene peso, porque Colombia ha echado a andar y, a su paso, carga con sus muertos y sus desaparecidos.